OCh es autor, hasta la fecha, de dos películas de ficción en las que desarrolla su concepto original de cine performativo: un cine en el que, entre otras cosas, el guion se sustituye por un plan situacional y los actores por performers. Actualmente trabaja en una tercera película de este tipo, en la que va considerablemente más lejos que antes.
Películas realizadas hasta la fecha:
1.
(Inglés a continuación)
Bryza: la primera película performativa
Bryza es el primer ejemplo de un nuevo tipo de cine. Constituye también una nueva forma de presentar el arte efímero.
El 25 de julio de 2020, un grupo de visitantes de distintos planetas aterrizó en el mar Báltico. Un grupo de amigos que documenta su estancia junto al mar empieza a filmar a los extraterrestres que salen a tierra. Los forasteros recorren Sopot, despertando el asombro de los transeúntes.
Película inspirada en el libro de Stanisław Lem titulado La voz de su amo / His Master’s Voice. Presenta, de manera paradójica, la voz de su amo como otra forma de comunicación, investigada en un laboratorio por un grupo de jóvenes entusiastas.
Título: Bryza: la primera película performativa
País y año de producción: Polonia 2020
Estreno (en línea): Polonia, Goyki 3 Art Inkubator, Sopot, 30 de diciembre de 2020
Tipo de película: película de ficción performativa
Género: ciencia ficción
Duración: mediometraje (40 minutos con créditos)
Plan situacional (guion): Oskar Chmioła;
Comisariado artístico (dirección): Oskar Chmioła;
Participan: Adrianna Janowska Moniuszko, Agata Sznurkowska, Anita Petk, Bartosz Mateńko, Dorota Kozłowska, Daniel Zakrzewski, Gabriela Zając, Michel Ducerveau, mac lewandowski, Małgorzata Tęgowska, Oskar Chmioła, Pedro Rizzi, Robert Chmielecki, Rutra Kisanaj (Artur Janasik), Szatan Witkowsk, Tomasz Kubik;
Fotografía: Bartosz Mateńko, Michał Baczyński, eventmovie.pl;
Música: Wojciech Król
Operadores de cámara: Bartosz Mateńko, Michał Baczyński, Daniel Zakrzewski, Robert Chmielecki, Anita Petk, Tomasz Kubik, Pedro Rizzi, Oskar Chmioła;
Montaje: Oskar Chmioła, Karolina Puławska, eventmovie.pl
Posproducción: eventmovie.pl
Masterización de sonido: Wojciech Król
Realización de los créditos iniciales: Przemysław Garczyński (también la reproducción de la obra «Figuras primeras» en el material gráfico promocional de la película)
Producción: Karolina Puławska
Agradecimientos a las autoridades y administradores de los lugares donde se rodó:
PTH Kąpielisko Morskie Sopot,
Bałtycka Agencja Artystyczna BART,
Pyrzycki Dom Kultury.
Película con traducción al inglés de Maciej Bryńczak.
Película realizada con la participación financiera del Ayuntamiento de Sopot.
Jacek Romański escribe sobre la película:
«Esperando a la Diva. En torno a “Bryza: la primera película performativa”, de Oskar Chmioła
En el momento en que la cámara deja de grabar, entre los acontecimientos del rodaje y el resultado en forma de material registrado surge una barrera difícil
de atravesar. La vida y la imagen, unidas por un instante por la simultaneidad del tiempo de grabación, se separan. Un fragmento de realidad
parece quedar atrapado en la red agujereada del transductor, deformado y después forzado
por el montaje a seguir el persistente ritmo de la repetición digital y la disponibilidad universal, capaces de adoptar, en forma de imagen, cierta apariencia de permanencia. Aunque al congelarse el fotograma aquello a lo que la imagen se refería haya desaparecido irremediablemente
y no pueda repetirse, por la monótona regularidad de los días la propia vida parece marcada por una ilusión semejante. ¿Es entonces la función del creador
desenmascarar la impermanencia fundamental a ambos lados de la cámara, situando al espectador en condiciones de estrés y desorientación como las que solemos sentir
ante lo diferente, aún no descubierto, desconocido? ¿O, por el contrario, establecer nuevas reglas frente a esa mutabilidad que lo abarca todo? Probablemente ambas cosas.
En “Bryza”, de Oskar Chmioła, vemos, por tanto, una resistencia a las reglas existentes. Su suspensión pretende mostrar lo hasta entonces constreñido, oculto por esquemas y normas sociales, imperceptible. De ahí el gesto recurrente en la película que señala lo que está arriba, lo que trasciende las situaciones existentes, cuya permanencia solo puede hallarse en aquella aparente repetición. Romper las reglas, experimentar el cambio, formar parte de él: todo para percibir aquello a lo que finalmente apunta ese gesto, que brilla a través de todo y reúne
en sí la multiplicidad de los momentos, volviendo a unir lo que parecía separado: el Amor. La rebelión es, pues, una acción vinculada a la experiencia del cambio, la fuerza motriz de un mundo todavía por construir, pero que, al rechazar los principios anteriores, tendrá otros cimientos. Aflojando así el corsé de ilusiones y prejuicios, el individuo puede esperar experimentar la cotidianidad en toda su libertad y singularidad. Sin embargo, para no convertirse en un tópico gastado, otra vez en un juego de apariencias, la oposición debe seguir ardiendo constantemente. En otras palabras, tanto la interpretación necesaria como el propio concepto de la película deben aspirar
a la improvisación libre, dirigirse hacia el libre fluir de la vida misma, que no puede encerrarse en una jaula de prohibiciones y mandatos, en comisarías, internados, escuelas o casas.
Esta aspiración a improvisar resulta quizá especialmente visible en la escena de la detención y en los acontecimientos posteriores. Se realiza mediante una diversidad de estrategias performativas que produce cierta distensión situacional en la película, acentuada por la multiplicidad de operadores y puntos de vista. Al mismo tiempo, el montaje y el movimiento de cámara cuidadosamente concebidos (ángulos, tomas con dron, etc.) equilibran ese efecto, para volver a intensificarlo mediante el caos y el azar en la siguiente escena o encuadre. El potencial creativo de lo prosaico se muestra así con recursos distintos o contrarios a la intuición de nuestros hábitos, y puede anunciar una nueva norma que surge
en el horizonte, libre de prejuicios anteriores: la preparación de un lugar para la Diva mencionada en el extraordinario monólogo de “Bryza”.”
«Bryza…» es el primer ejemplo de película de ficción que cumple todos los postulados del llamado „Manifiesto del cine performativo». Es, por tanto, la materialización del concepto de un nuevo tipo de cine y, a la vez, una estrategia para documentar la creación efímera de la performance (arte de performance y artes escénicas). Como leemos en el Manifiesto, uno de los principios básicos de este cine es sustituir «a los actores por performers, es decir, por personas capaces de
presentar algo auténticamente, de una manera propia y específica. Recordemos que los performers no tienen que ser artistas. Entendamos además que pueden
ser actores capaces de utilizar su oficio como herramienta de expresión propia» (Manifiesto del cine performativo, Oskar Chmioła, Sopot, 25.07.2020. http://chmiola.com/manifest-kina-performatywnego/).
¿Cómo es una película cuyos personajes no son interpretados por actores, sino presentados por performers? Se pudo comprobar en el estreno de «la primera película performativa».
Según la Enciclopedia PWN, brisa [fr. brise] es un «viento local relacionado
con la circulación del aire que se produce sobre una superficie de distintas propiedades térmicas». La brisa del título es una metáfora del soplo de una mirada fresca al cine, la performance, el estilo de vida y las formas de comunicación, y una invitación a mirar hacia la dirección
de la que procede. Esa dirección, es decir, el origen de esta idea, es la dramacultura,
cuya esencia son la sensibilidad y la singularidad. El terreno sobre el que se propaga
es, por su parte, la tecnocultura, cuya esencia son la mensurabilidad y la normatividad. La circulación de las influencias de estas dos ideas es propia de la civilización humana.
La película señala la dramacultura como aquello que moviliza y la tecnocultura como aquello que da forma. En ella, la dramacultura está representada por performers con comportamientos atípicos
e inusuales, y la tecnocultura por transeúntes (habitantes, turistas
y trabajadores que observan y reaccionan) con conductas típicas y cotidianas. El mensaje de la película es mostrar que ambas ideas pueden coexistir en armonía manteniendo un diálogo continuo. Intenta llamar la atención sobre el hecho de que nuestras disputas sobre costumbres y visiones del mundo son una especie de sistema regulador de la colectividad humana que reacciona ante una realidad cambiante, una realidad
de naturaleza fracturada, incompleta en algún punto y por ello siempre en movimiento.
La película muestra la performatividad como estrategia de supervivencia en un mundo así.
Cabe añadir que la película parte de los planteamientos de la imagen-tiempo de Gilles Deleuze
e incluso constituye un discreto intento de avanzar en la creación de una imagen-cristal (image-cristal). Un relato de la presencia ACTIVA de videntes ideales (pure voyants). De la presencia de personas en situación minoritaria (minoritaire). Es una película sobre la actividad y sensibilidad de un pueblo que falta (un people qui manque). Además, el rodaje en Sopot tuvo carácter de acontecimiento cultural: fue una presentación de performances
en la que cualquier persona interesada podía participar como espectador. La película oculta también un enunciado performativo, una huella misteriosa, un mensaje dejado por uno de los visitantes. De este modo adquiere el carácter de una promesa y actúa performativamente en el espectador, que puede leer ese mensaje si visita un lugar concreto de la película.
También es importante que todo el proyecto (película y manifiesto) sea
«una inspiración [del autor] en realizaciones cinematográficas con elementos performativos de intervención en el espacio público, como Dos hombres y un armario de Polański,
La montaña sagrada / The Holy Mountain de Jodorowsky, Holy Motors de Carax, Performance de Cammell y Roeg, y fascinaciones algo más lejanas por el ciclo Cremaster de Barney y Electroma del dúo Daft Punk» (Fe, misión, armonía. Sobre Bryza de Oskar Chmioła, dr hab. Bartosz Wójcik, 15.12.2020 —texto completo para descargar -> Fe, misión, armonía. Sobre Bryza de Oskar Chmioła).
INGLÉS
Brisa: la primera película performativa
Bryza es el primer ejemplo de un nuevo tipo de cine. Es también una nueva forma de presentar el arte efímero.
El 25 de julio de 2020, un grupo de visitantes de distintos planetas aterrizó en el mar Báltico. Un grupo de amigos que documenta su estancia junto al mar comienza a filmar a los extraterrestres que llegan a la orilla. Los forasteros pasean por Sopot y sorprenden a los transeúntes.
La película se inspiró en el libro «La voz de su amo / His Master’s Voice», de Stanisław Lem.
Título: Brisa: la primera película performativa
País y año de producción: Polonia 2020
Estreno (proyección en línea): Polonia, Sopot, Goyki 3 Art Inkubator, 30 de diciembre de 2020 a las 19:00 (UTC), goyki3.pl
Tipo de película: película de ficción performativa
Género: ciencia ficción
Duración: mediometraje (40 minutos con créditos)
Plan situacional (guion): Oskar Chmioła;
Comisariado artístico (dirección): Oskar Chmioła;
Participan: Adrianna Janowska Moniuszko, Agata Sznurkowska, Anita Petk, Bartosz Mateńko, Dorota Kozłowska, Daniel Zakrzewski, Gabriela Zając, Michel Ducerveau, mac lewandowski, Małgorzata Tęgowska, Oskar Chmioła, Pedro Rizzi, Robert Chmielecki, Rutra Kisanaj (Artur Janasik), Szatan Witkowsk, Tomasz Kubik;
Fotografía: Bartosz Mateńko, Michał Baczyński, eventmovie.pl;
Música: Wojciech Król
Operadores de cámara: Bartosz Mateńko, Michał Baczyński, Daniel Zakrzewski, Robert Chmielecki, Anita Petk, Tomasz Kubik, Pedro Rizzi, Oskar Chmioła;
Montaje: Oskar Chmioła, Karolina Puławska, eventmovie.pl
Posproducción: eventmovie.pl
Masterización de sonido: Wojciech Król
Realización de los créditos iniciales: Przemysław Garczyński (también una reproducción de la obra «Figuras primeras» en el material gráfico promocional de la película)
Producción: Karolina Puławska
Queremos agradecer a las autoridades y administradores de los lugares donde se rodaron las imágenes:
PTH Kąpielisko Morskie Sopot,
Bałtycka Agencja Artystyczna BART,
Pyrzycki Dom Kultury.
[Zona de baño PTH Sopot,
Agencia Artística del Báltico BART,
Casa de Cultura de Pyrzyce.]
Película con traducción al inglés de Maciej Bryńczak.
La película se realizó con la participación financiera del Ayuntamiento de Sopot
Jacek Romański escribe sobre la película:
«Esperando a la Diva. En torno a “La primera película performativa”, de Oskar Chmioła
En el momento en que la cámara deja de grabar, surge una barrera difícil de atravesar entre los acontecimientos del rodaje y el resultado en forma de material registrado. La vida y la imagen, unidas por un instante por la simultaneidad del tiempo de grabación, se separan. Un fragmento de realidad parece quedar atrapado en una red agujereada de transducción, deformado y después forzado por el montaje a seguir el persistente ritmo de la repetición digital y la accesibilidad, que pueden adoptar cierta apariencia de permanencia en forma de imagen. Aunque, al congelarse el fotograma, aquello a lo que esta imagen se refería ha desaparecido irremediablemente y no puede repetirse, por la monótona regularidad de los días la propia vida parece marcada por una ilusión semejante. ¿Es entonces la función del creador revelar la inestabilidad fundamental a ambos lados de la cámara, situando al espectador en el estrés y la desorientación que solemos sentir ante lo diferente, aún no descubierto, desconocido? ¿O, por el contrario, establecer nuevas reglas ante esa mutabilidad abrumadora? Probablemente ambas cosas.
En “Brisa”, de Oskar Chmioła, vemos, por tanto, una resistencia a las reglas existentes. Su suspensión pretende mostrar lo hasta entonces constreñido, oculto por esquemas y normas sociales, e imperceptible. De ahí el gesto recurrente de señalar lo que está arriba, lo que trasciende las situaciones existentes, que solo pueden hallar permanencia en la aparente repetición mencionada. Romper con las reglas, experimentar el cambio, formar parte de él: todo para ver aquello a lo que finalmente apunta ese gesto, que brilla a través de todo, reúne en sí multitud de momentos y vuelve a unir lo que parecía separado: el Amor. La rebelión es aquí una actividad vinculada a la experiencia del cambio, la fuerza motriz de un mundo todavía por construir, pero que, al rechazar los principios existentes, será rehecho sobre unos cimientos completamente distintos. Aflojando así el corsé de ilusiones y prejuicios, una persona puede esperar vivir la cotidianidad en toda su libertad y singularidad. Sin embargo, para no convertirse en un tópico gastado, en otro juego de apariencias, la oposición debe seguir ardiendo constantemente. En otras palabras, tanto la interpretación necesaria como el propio concepto de la película deben aspirar a la improvisación libre, dirigirse al libre fluir de la vida misma, que no puede encerrarse en una jaula de prohibiciones y mandatos, en comisarías, pensiones, escuelas o casas.
Este impulso hacia la improvisación resulta quizá especialmente evidente en la escena de la pausa y en los acontecimientos posteriores. Se realiza mediante diversas estrategias performativas, que crean cierta soltura situacional en la película, amplificada por la multiplicidad de operadores y puntos de vista. Al mismo tiempo, el montaje y los movimientos de cámara cuidadosamente concebidos (ángulos, imágenes de dron, etc.) equilibran ese efecto para volver a intensificarlo mediante el caos y el azar en la siguiente escena o encuadre. El potencial creativo de lo cotidiano se muestra así con recursos distintos o contrarios a la intuición de nuestros hábitos; puede anunciar, por tanto, una nueva norma que surge en el horizonte, libre de prejuicios anteriores, y preparar un lugar para la Diva mencionada en el singular monólogo de “Brisa”.
«Brisa…» es el primer ejemplo de película de ficción que cumple todas las exigencias del llamado «Manifiesto del cine performativo». Es, por tanto, la materialización del concepto de un nuevo tipo de cine y, a la vez, una estrategia para documentar la creación efímera: la performance (junto con las artes performativas). Como leemos en el Manifiesto, uno de los principios básicos de este cine es sustituir «a los actores por performers, es decir, personas que pueden presentar algo auténticamente de una manera propia. Al mismo tiempo, recordemos que los performers no tienen que ser artistas. Entendamos, además, que pueden ser actores capaces de utilizar su técnica como herramienta de expresión personal» (Oskar Chmioła, «Manifiesto del cine performativo», Sopot, 30 de julio de 2020.
http://chmiola.com/performative-cinema-manifesto/).
¿Cómo es una película cuyos personajes no son interpretados por actores, sino presentados por performers? Se pudo descubrir viendo el estreno de «Brisa: la primera película performativa».
Según la Enciclopedia PWN, brisa [fr. brise] es un «viento local asociado a la circulación del aire que se produce sobre un terreno con distintas propiedades térmicas». La brisa del título es una metáfora de una mirada fresca al cine, la performance, el estilo de vida y las formas de comunicación, y una invitación a mirar hacia la dirección de la que proceden. Esa dirección, es decir, el origen de esta idea, es la dramacultura, cuya esencia une sensibilidad y singularidad. El terreno sobre el que se propaga es la tecnocultura, cuya esencia son la mensurabilidad y la normatividad. La circulación de las influencias de ambas ideas es propia de la civilización humana. La película señala la dramacultura como aquello que moviliza y la tecnocultura como aquello que da forma. En ella, la dramacultura está representada por performers atípicos y conductas inusuales, y la tecnocultura por transeúntes (habitantes, turistas y trabajadores que observan y reaccionan) con comportamientos típicos y cotidianos. El mensaje de la película es mostrar que ambas ideas pueden coexistir en armonía manteniendo un diálogo constante. Intenta llamar la atención sobre el hecho de que nuestras disputas sociales y filosóficas son una especie de sistema regulador de la comunidad humana que responde a una realidad cambiante: una realidad de naturaleza fracturada, incompleta en algunos puntos y, por ello, en movimiento constante. La película muestra la performatividad como estrategia de supervivencia en un mundo así.
Cabe añadir que la película parte de los planteamientos de la imagen-tiempo de Gilles Deleuze e incluso supone un discreto intento de ir más lejos en la creación de una imagen-cristal (image-cristal): un relato de la presencia ACTIVA de videntes perfectos (pure voyants), de personas en situación minoritaria (minoritaire). Es una película sobre la actividad y sensibilidad de un pueblo que falta (un people qui manque). Además, el rodaje en Sopot fue un acontecimiento cultural, una presentación de performances en la que cualquier persona podía participar como espectador. La película oculta, además, un enunciado performativo, una huella misteriosa, un mensaje dejado por uno de los visitantes. De este modo posee el carácter de una promesa: actúa performativamente en el espectador, que puede leer el mensaje si visita un lugar concreto de la película.
También es importante que todo el proyecto (película y manifiesto) sea
«Una inspiración [del autor] en producciones cinematográficas con elementos performativos de intervención en el espacio público, como “Dos hombres y un armario”, de Polański; “La montaña sagrada / The Holy Mountain”, de Jodorowsky; “Holy Motors”, de Carax; “Performance”, de Cammell y Roeg; y fascinaciones algo más lejanas por el ciclo “Cremaster”, de Barney, y “Electroma”, del dúo Daft Punk» («Fe, misión, armonía. Sobre “Brisa”, de Oskar Chmioła», dr hab. Bartosz Wójcik, 15.12.2020 —archivo para descargar aquí -> Fe, misión, armonía. Sobre Bryza de Oskar Chmioła).
2.
JARDÍN MÚLTIPLE