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Początekoniec. Poesía concreta.

Entrada original · 2010-02-15Autor de la entrada: Oskar ChmiołaDirección original

Traducción de trabajo. El material original está disponible arriba.



Exposición monográfica de Stanisław Dróżdż

El final de la exposición de Stanisław Dróżdż en Centrum Sztuki Współczesnej de Zamek Ujazdowski se entrelaza con su principio, dándole el carácter de un hipertexto que el propio espectador ordena. La exposición no está, en efecto, sujeta al marco de una cronología que, aunque sugerida, no resulta clara. Contemplamos aquí un recorrido por las búsquedas creativas del autor entre 1967 y 2007. Por tanto, se puede comenzar a mirar desde el medio para terminar en otro medio, trazando siempre un círculo y encontrándose en el momento de su aparente principio. La poesía concreta de un signo repetido sobre un plano, en el espacio, o la poeticidad de objetos concretos que cambian de significado debido al lugar. Hay, por tanto, dos polos de la creación del artista que se complementan mutuamente. Todo el mapa de su densidad y la estructura del ritmo con el que se sitúan dentro de su contexto, aquí entre los muros de Zamek Ujazdowski, constituye por sí mismo un hipertexto y convierte cada paso y gesto del espectador en parte de sí, haciéndolo a él según sus propias leyes. De esta manera, el espectador queda inmerso en un mundo que, después de salir de aquí, permanecerá siempre presente en el silencio de la implacabilidad oculta de la verdad de que el mundo es texto. Los 45 "registros" presentados hacen aquí malabarismos perfectos con nuestra capacidad de interpretación, dejándose aparentemente dominar por ella, pero escapando, en realidad, al encierro de su dimensión categórica. No podemos experimentar plenamente estas obras, porque permanecen inacabadas, rebasan los marcos de sus propias formas y desplazan sus extremos, que determinan su dureza, hacia nosotros mismos, convirtiéndonos en su límite. Si "este mundo son las personas que lo piensan", y "las matemáticas son el lenguaje del universo", si la realidad es texto, entonces el creador de "Pojęciokształty' nos despliega ese hecho como un cubo, presentando su bidimensionalidad y permitiendo que lo montemos. Por lo demás, ese montaje no es sencillo, pues, en realidad, la frialdad de la objetividad nos convierte a nosotros mismos en cosas dentro del contexto de un lugar en el que la propia objetividad grita que nos limita; ¿o quizá limita nuestra mente? Dróżdż convierte el texto en objeto, examinándolo y analizándolo como un objeto. Sin embargo, no traspasa un límite profundo, sino que se detiene en él: el límite de la toma de conciencia de que ese objeto no solo nos rodea y nos permite utilizarlo, sino que también nos piensa a nosotros mismos, nos da forma y transmuta mediante nosotros hacia su propia infinitud. La pregunta es, por tanto, si somos nosotros quienes pensamos el mundo o si el mundo nos piensa a nosotros.

De entre esas dos preguntas, como de la relación entre una letra y una cifra, brota verticalmente una corriente de respuestas abierta por nuestra atención. Examinemos, pues, de cerca esos textos-objetos y comprobemos si se dejan asir, tal como quizá quisiera su propio autor.
Abriremos esas "lupas" empaquetadas de la estructura del ser de una manera tan libre como ordenada, comenzando por los planos, saliendo a través de la película al espacio, para terminar en el teseracto del espacio de la propia presencia dentro de su emanación.

cuando empieza a ser
- es ya
cuando es
- es todavía
cuando deja de ser
- es ya

(ya- todavía- ya)






no
lo
que es
sino
lo
que no es
es más
que
lo
que es

(de las miniaturas)

Su autor, Stanisław Dróżdż, incluyó estos dos poemas de los años 60 para darnos un cierto terreno y un punto de apoyo durante nuestro recorrido por su "laboratorio del texto y del significado". Ya lo dicen todo, así que dejemos que hablen por sí solos sobre lo que estamos a punto de ver.
Las imágenes de Stanisław Dróżdż son a menudo el efecto de repeticiones, combinaciones y permutaciones, cuyo resultado es una polifonía de signos. De esta polifonía comienza a nacer el presentimiento de que las obras forman parte de la realidad de una manera natural y observada, más que fabricada. Esos planos son, por tanto, como fragmentos de la realidad misma en su sentido profundamente significativo. El encuentro con uno de estos fragmentos produce una impresión de infinitud, porque el límite de la imagen es solo aparente, mientras que su contenido es absorbido por el espectador como parte de sus experiencias cotidianas. El texto, que "parece escribirse solo, invisiblemente, fuera del panel", nos remite a la pregunta de dónde se realiza ese registro "fuera". Muchas de las piezas presentadas en la exposición no tienen título, y este aparece únicamente entre paréntesis como continuación del texto contenido en la imagen. Así sucede con los registros de los años 1971-1981 ("poza") , o con otros posteriores, como "trwanie"
y "od do"
, "i"
, en los libros de artista penetran la estructura de la experiencia de ese registro invisible que perdura fuera del marco. Por eso, en su contexto resulta aún más intrigante aquel lugar en el que se realiza ese registro. Tal proceso también ocurre cuando la letra asimila el lenguaje de los signos de puntuación, etc., así como cuando es sustituida por una cifra. Así, por ejemplo, "teksty cyfrowe"

, "continuum" , "przypadek x"

, "samotność"
, o incluso "początekoniec"
, de la que se tomó el título de la exposición, tienen una composición abierta. Muchos signos están allí directamente cortados por el borde físico, lo que parece sugerir ya de manera directa que esos signos no existen, en realidad, bajo tal forma y tienen que cerrarse en algún lugar. La pregunta es dónde se cierran, dónde está su continuación. La respuesta la da el propio autor, como veremos después. De momento nos hace saber que tal situación no es en absoluto pasajera y que durará, quizá para siempre, como señala "data" .
Junto a estos registros sin límites, existen también otros que son como puntos de composición cerrada. Lo observamos en casos como "życie i śmierć"
de 1969, o el posterior "ja" de 1998. También ocurre así, aunque quizá sea una situación algo intermedia entre esta y la anterior, en la que los bordes del plano no cerraban el registro, en la deconstrucción de la palabra "przemijanie" . También está en la imagen de 1973 "przybywanie ubywania, ubywanie przybywania", en "minimum maximum", "dwa słowa", "samo słowo", "język i matematyka" , "białe- czarne" , "zapominanie" , o, finalmente, en el ciclo "klepsydry" . Estos puntos intrigan por partida doble. ¿Por qué son composiciones cerradas? ¿Acaso ya no tienen su traducción en la realidad o en ese campo en el que se escriben solos y hacia el que nos dirigimos ahora? Pues bien, parece que la respuesta es clara. Solo que no se puede precisar. Es como si esos registros "se escribieran solos" dentro de nosotros y no en algún otro espacio. Aquí hay que mirar dentro de la estructura de la propia conciencia. Pues, desde el punto de vista ontológico, es posible que podamos crear la realidad o, danzando con ella como significado, contribuir a crearla dentro de los límites que impone y sometidos a sus leyes. Entonces tendría que ser que "somos aquello que podemos nombrar", y el mundo también lo es. El mundo como totalidad y suma de nuestras conclusiones. Entonces, la conciencia colectiva es precisamente el mundo, mientras que el lenguaje que nos definiría y nos "escribiría' es, en realidad, el horizonte de nuestro encuentro con los límites de nuestro espacio de conceptos y de nuestra capacidad de nombrar. Desde esta perspectiva, las letras cortadas, los encuadres fragmentarios y lo inacabado de las imágenes de Dróżdż resultan ser un contacto con el hecho de que somos nosotros quienes determinamos la realidad y, por tanto, también el arte. Sus imágenes siguen siendo un tejido con ciertas constantes sobre las que realizamos acciones. Poseen una coherencia y unas leyes internas que podemos utilizar para desarrollarlas en alguna profundización de la esencia de lo que es el mundo y de nuestro papel en él. "Początekoniec" es una exposición de carácter universal. Las imágenes presentadas allí, aquellas de composición cerrada, nos hablan de ciertas leyes, principios constantes, órdenes y reglas con los que gobierna la realidad. No podemos cambiarlos, pero podemos cambiar la perspectiva. Tales imágenes, los puntos, son una prolongación de la concepción de lo inacabado, porque, pese a estar aparentemente definidas por los marcos de la composición y a existir solo en ella, tienen en sí mismas un carácter instantáneo: es decir, también parecen infinitas y permanecen en el proceso de devenir o del propio cambio.



En el contexto de las inacabadas, que traspasan los marcos físicos, estos puntos adquieren una dirección concreta y su vector nos señala a nosotros. Se puede decir, por tanto, que las imágenes inacabadas tienen su continuación en la realidad que nos rodea, mientras que las imágenes que aquí llamo puntuales la tienen dentro de nosotros. Entonces resulta interesante que el artista adapte conceptos y símbolos similares a ambas direcciones (la horizontal y la vertical), como si quisiera sugerirnos algo que intentaré examinar un poco más adelante.
El segundo grupo de obras de esta exposición monográfica lo constituyen las películas y los documentos. Aquí, el espacio lineal y el tiempo tejen de forma accesible un relato sobre el signo y el significado. Las disposiciones cambiantes de conjuntos de signos "i" permutan instantáneamente en la pantalla en una especie de danza, engranándose y deconstruyéndose mutuamente, señalando el cambio como aquello que les da movimiento. La pregunta se inclina hacia el significado, porque toda la creación de este especialista en filología polaca de formación transmite forma y contenido con idéntica economía y fuerza. ¿No seremos nosotros mismos esas "i' de la película "algebra przyimków'
(en las páginas sucesivas del libro se encuentran las distintas secuencias de la película)?
Otra película proyectada en la misma pantalla metamorfosea la preposición en una línea y así se acerca a la concreción de una poesía ya tangible. Pues en ese momento el signo se convierte en objeto, y vemos que ya lo era antes para el creador, que intenta tocarlo para comprenderlo. Evidentemente, quiere hacer lo mismo con el significado. Pero las imágenes en movimiento de esa pantalla escapan y cambian. No se pueden detener; se las puede estudiar, pero no poseer su esencia. Esto nos informa de algo que experimentaba el autor y que es la experiencia general de todos aquellos que toman en sus "manos" el objeto-significado. La línea cambia, es un ovillo que se desenrolla, convirtiéndose en un momento del relato ulterior; quizá un ovillo de pensamiento, constante y único por un instante, cambiante al siguiente, recortado de una cantidad mayor de otros iguales que se acumulan fuera del marco como aquellas preposiciones.

Estos ovillos pueden entenderse como nuestras ideas y convicciones, y el hecho de que de esa maraña salga una línea que se prolonga fuera del encuadre, como una sensación de parcialidad. Una de esas formas enredadas, que expresa un conjunto de pensamientos y sentimientos de un individuo, se prolonga en la película y queda así conectada con el espectador, al que alcanza saliendo del encuadre. La composición electroacústica "od do" de Tadeusz Sudnik, creada a partir de la poesía concreta de Dróżdż, supone ya el paso de la representación "fuera" a la representación de esa poesía dentro de nosotros mediante experiencias sensoriales. Examinemos, pues, ahora el espacio.
Hay además una película que documenta la 50.ª Bienal de Venecia de 2003. Stanisław Dróżdż fue entonces el autor del Pabellón de Polonia . El artista creó allí una situación de juego entre los conceptos y nuestra conciencia del lugar. El espacio podría simbolizar el mundo, mientras que la mesa de billar situada en el centro sería un monumento al propio juego en el sentido que he señalado. Las paredes están cubiertas con toda la combinación de disposiciones posibles de cubos marcados con los valores de cada una de sus caras. La mesa es nuestro campo de juego y aquí podemos decidir algo. ¿Qué? Volveremos a ello en un momento, pero la fotografía de este lugar pone en primer plano el objeto < , que es un signo, así que ya sabemos con qué jugaremos: con significados.

En la exposición hay salas, una en la que se entra y se ven signos alrededor, y otra a la que no se puede acceder y que se observa desde fuera. En la primera, el entorno también simboliza el mundo y los signos; al ser admitidos dentro, podemos contemplarlo para pensar en el tema de toda la exposición con tranquilidad y concentración.
El ritmo de todas las piezas ofrece también aquí unas condiciones magníficas para ello. Sin embargo, ocurre de otra manera en la instalación titulada "żyłki"

Ahora solo podemos mirar desde fuera. Pero ¿qué miramos? Una red de conexiones, un sistema. Pero ¿qué es ese sistema? ¿Y si nosotros mismos somos esos hilos de pescar y toda la sala es una imagen de la totalidad morfogenética, es decir, de la suma de todos nosotros? Los hilos se entrecruzan y llenan todo el espacio. Contemplamos el color de la sala y el aire atrapado entre esas cuerdas. Ninguno de esos hilos existe solo, cada uno está vinculado, cada uno de una manera distinta, aunque algunos de forma semejante. Es simplemente el esquema de esa situación. Hermosa, pero aún no consciente y, por eso, inquietante. Finalmente hay una sala con picaportes, y aquí se esconde la clave del significado de la exposición. Tenemos, en efecto, distintas puertas entre las que elegir, posibilidades que existen-no existen gracias a la mera presencia de los picaportes. Es un ejemplo clásico de las "trampas de la forma". Lo que en realidad no está lo completamos nosotros.
La conclusión es que somos nosotros quienes decidimos lo que somos, lo que es el mundo y cuál es el significado de todo. El peso de la esencia del ser se ha desplazado y se encuentra ahora dentro de nosotros mismos, en la pregunta por la esencia de nosotros mismos y por hasta dónde llegan nuestras posibilidades. El ser determina la conciencia si la conciencia no determina el ser. En el momento en que la conciencia comienza a decidir, el ser se convierte en material. También los conceptos son material. Por eso también somos nosotros quienes definimos los conceptos. Aun así, existen conceptos constantes que podemos modelar. Los juegos que el autor materializa son juegos que nunca terminan, y "koło" debe recordárnoslo. La estética lógica e implacablemente precisa de estas obras hiela la sangre y enfría el aliento.


Toda la exposición es muy interesante, aunque no solo por su presentación pulcra ni por un sentido armónico de la forma, con una gran sensibilidad y una profunda mirada a sus tensiones internas y externas. El conjunto es una reminiscencia a través de lo que contiene. Allí los entes existen realmente y no son en absoluto imaginados. No es mímesis, sino captación de la vida efectiva. Esa vida es relación según el pensamiento deleuziano, y los pensamientos son ovillos. Sí, somos nosotros quienes decidimos, pero, en última instancia, algo se revela-crea en el horizonte. Ese círculo eterno y las reglas ocultas del cosmos, las mismas preguntas que regresan una y otra vez sobre quiénes somos y por qué somos, por qué fuimos arrojados a este mundo, a esta exposición, no nos dejan en paz. Por suerte tenemos una mesa de juego y las fichas necesarias: los significados.
Decidamos si queremos permanecer en la inconsciencia o empezar a cocrear, aunque sin definirnos ni encerrarnos en significados fijos. Lo que perdura da, está vivo. Pues el tiempo era un tema importante para Dróżdż y no lo entendía en absoluto de manera lineal.

Stanisław Dróżdź nos dejó una anamnesis en la que entramos observando cómo existe dentro de nosotros mismos. Esta estructura de teseracto nos permite llevarnos una exposición tan pura y transparente de sus miradas y cargarla dentro de nosotros, compartiéndola. Una anamnesis, es decir, un recordatorio de nuestro lugar en el mundo: nosotros como creadores de nuestra realidad, en la que existimos. Un recordatorio, también, de que creamos juntos. El poeta-artista-filósofo también nos daba que pensar sobre la posibilidad de abrir ciertas puertas a un pasillo más allá de la realidad y más allá de la muerte. Me parece que esa dirección es la definitiva para una visión completa de la exposición, que no termina dentro del marco de los muros de la galería. Porque lo que se ha captado está muerto, y solo "lo que no es, es", como escribía el poeta, también aquí:

Al principio está el final

atrapados en la red de - muerte - vida
que aprieta el lazo del tiempo, con el bumerán
del ser lanzado por el no-ser, con el aumentar del disminuir
volvemos allí donde nunca estuvimos
siendo cuando no éramos, vivimos
de muerte, morimos de vida, sin conocer
el tiempo; de alguien - su - transformación en algo
- no teniendo ser, teniendo ya que no ser

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